el aprender a escribirme
hace unos días empecé una autobiografía y descubrí que no sé quien soy
Hace un mes y pico comencé un diplomado sobre Escritura Caribeña, más que para aprender a escribir fue para conocer cómo se escribe de manera un poco más técnica desde esta región. Como amante de la literatura de las Antillas y Cientista Social, el descubrir que cosas son de interés por estas zonas me emociona bastante, sobre todo teniendo en cuenta que las críticas literarias o investigaciones se suelen centrar más en la parte continental que la insular.
Así que vi la oportunidad del diplomado y la aproveche. Claramente sabía que tenía que escribir, lo que para mi no supone un problema ya que he escrito durante gran parte de mi vida, quizás no de la mejor manera, pero siempre me ha gustado. El primer módulo trata acerca de la autobiografía y cuando la maestra mencionó que debíamos ir preparando una para final del módulo, casi me da una vaina (en buen dominicano). Realmente me asusté, me estaban pidiendo que debía sentarme y escribir sobre mí Debía escribir sobre Esperanza, sobre esa niña que ha escrito ficción durante gran parte de su vida para escapar de sus pensamientos. Debía sentarme y pensar en mi “yo”, de la que tanto huyó.
Incluso escribir esto me cuesta, porque toda mi vida se ha basado, en cierta forma, en la subvaloración de lo que soy así que realizarlo sería reconocer lo que me he estado haciendo; el reprimir mis sentimientos, sexualidad, el encerrarme en mis inseguridades y el no reconocer mi dolor. Escribir una autobiografía supone comprender que durante años me he estado descomponiendo como persona, viéndome desde la otredad y creyendo que lo otro debía configurar toda mi vida.
Y eso me asustaba, me asusta en gran manera. Soy miedosa, dejó de hacer cosas cuando el miedo se apodera de mi cuerpo y no quería dejar el proyecto, por eso debía superarlo y sentarme a escribir sobre mi “yo”. Y lo hice, y descubrí que no sé quien soy.
No hablo de las cosas básicas, sino desde un aspecto más filosófico. No me conozco a mi misma, pienso en Du Bois, y su obra “The Souls of Black Folk”, cuando habla acerca de la doble conciencia, que es una sensación de siempre estar mirándonos a través de los otros, llevando a que nos sintamos como personas dobles. Un cuerpo que es habitado por dos personalidades que constantemente están luchando por sobreponerse una sobre otra. Y donde nuestro “yo” es sobre pasado por esa mirada desde afuera, buscando una forma de encajar aunque nos perdamos, y es lo que me ha estado pasando durante años.
No sé si algo de lo que estoy escribiendo tenga sentido, espero que sí.
Siento que entender esto, fue el primer paso para escribirme. A partir de esa autorreflexión entendí que si quiero resignificar debo encontrar primero el origen de esa doble conciencia que lucha dentro de mí. Y sé que comenzó con mi pelo afro, la primera vez que alguien lo llamó “moños malos”, la primera vez que fui consciente de mi negritud y el descubrir que vivía en un país que la rechaza para encajar en la blanquitud. Una que recíprocamente la rechaza con todavía más fuerza.
Desde ahí es donde empieza ese miedo a contarme, a verme, a pensarme, a valorarme. Escribir esa autobiografía ha sido un acto de valentía, dejar a un lado lo que me asusta y entender que no debo ser la más interesante para plasmar lo que soy en palabras, que solo debo tener un sentido.
Y quizás ni tenerlo, porque independientemente de la otredad, todos merecemos ser contados. No mentiré, sigo teniendo miedo, sigo sin conocerme a profundidad y hacer esto, aquella autobiografías, son los primeros pasos.
Espero que en algún momento lo pueda lograr.



Hermosa reflexión, gracias por animarte a pesar del miedo.
Me gusta el hecho de que no tengamos que ser super interesantes para escribirnos. Todas nuestras historias son validas solo por existir.