Cuando eres docente nada es suficiente
supongo que descubrí que es la fatiga docente.
Planificar. Corregir cuadernos. Estar atento al recreo. Evaluar. Poner notas. Hacer exámenes. Cubrir horas. Mantener el orden. Seguir las secuencias. Las reuniones con padres. Reuniones de maestros. Charlas. Ver que el estudiante este bien. Tratar de no morir en el intento. Sinceramente no recuerdo cuando fue que decidí que quería ser maestro o si alguna vez quise serlo, posiblemente no, pero luego de cuatro años me he dado cuenta que en la docencia nunca se es suficiente. Ser maestro hasta parece un deporte extremo y con altos riesgos, por más que se hagan ciertas cosas o siempre se intente mejorar jamás será suficiente y es abrumador. En la última reunión de docente llegué a mi casa y me tiré a dormir, lo cual es una mala señal porque odio dormir de día, me da dolor de cabeza y me provoca una fatiga insoportable, pero me sentía tan desgatada física y mentalmente que fue lo único que pude hacer.
Siempre cuando se habla de los profesores se utiliza la palabra vocación que es un concepto que proviene de la biblia, entendiéndose como un llamado de Dios al hombre con el propósito/destino de hacer algo, pero en definiciones más técnicas se puede entender como un deseo o el propósito de una persona con relación a un trabajo, carrera o una meta en general, que se encuentra rodeado de una pasión desbordante. Y es muy común la frase de que: el maestro ya no tiene vocación para enseñar, que todo es por dinero, pero si hay algo que nos mantiene aún en las aulas es ese deseo por la enseñanza.
Soy maestra de Ciencias Sociales, en especial las materias que imparto son geografía, historia y filosofía, soy conscientemente de que son materias que muchas veces aburren al estudiante, quizás porque no le interesan los temas, porque le cuestan las fechas o por las propias técnicas que a veces los maestros utilizamos. Por lo cual, entendía que si quería que en un país como República Dominicana donde las enseñanzas de estas materias no son muy eficiente debía utilizar herramientas; porque cuando enseñó me gusta que aprendan. Utilizó muchas dinámicas y busco las maneras de que se sientan cercanos a las Ciencias Sociales y que no solo lo vean como esa materia aburrida llena de fechas y mapas, que a veces lo es, pero es mucho más.
Sin embargo, aunque me guste mucho enseñar porque me apasiona lo que estudié, cada día es más difícil que al anterior. Hay momentos en los que me preguntó si realmente todo ese esfuerzo sirve de algo o simplemente me estoy desgastando, lo peor es que sé que de algo sirve, pero pasan tantas otras cosas que cuesta verlo. No solo hablo de la parte dentro del aula (que tengo mis cuantas frustraciones), sino desde lo administrativo.
Ser docente no solo implica el proceso de enseñanza-aprendizaje. Debemos planificar las clases diarias, mensuales, anuales, corregir siempre los cuadernos, vigilar que ningún muchacho dentro o fuera del aula se lastime, asistir a reuniones, explicar porque durante esas reuniones perdimos alguna hora de clase, escuchar cientos de veces nuestros nombres y sin haber digerido nada ni agua, estar agobiados, pero con una sonrisa en cada curso que entremos, porque nadie puede saber nuestros problemas. Y todo eso, lo entiendo. Esas partes las comprendo bien, pero al más mínimo error, nada de lo hemos estado haciendo vale para algo. Es molesto, al menos para mí que siempre busco dar lo mejor; no faltar, aunque me esté muriendo de algún dolor, planificar todas las clases que pueda, siempre corregir todos los cuadernos, planear las actividades y que estas estén en orden.
Y posiblemente el lunes luego de Semana Santa me encuentre mejor, entienda que quizás es una tontería sentirme como me siento, pero ahora no lo veo así. Nunca me había sentido tan (a lo muy dominicano) ¡jarta! De la educación. Creo que perdí la cuenta de cuantas veces me he preguntado por qué decidí ser maestra. Hace unos días navegando por Instagram me topé con un video sobre cómo incluso haciendo nuestro trabajo dentro de las aulas hacemos las cosas mal: ¿por qué nos distraemos corrigiendo exámenes o planificando las clases en lugar de prestar atención a los muchachos? ¿Por qué en las horas pedagógicas no estamos atendiendo otra aula? Y me pegó tanto ese video, porque es muy real.
Como ya expliqué, me siento muy agotada y me asusta que esto no cambié. No solo se trata del cansancio físico, sino el mental, del creer que quizás ya no doy más para esto. Y ahí es donde está mi preocupación y ansiedad, porque me gusta y creo que se me da bien la enseñanza solo que estoy cansada.
Bueno, espero que está semana en la que estaré encerrada en mi casa me sienta un poco mejor y vuelva con todos los ánimos al aula.



No soy maestra, pero mi círculo social (mi hermana y buenas amigas de las que me rodeo) sí lo son. Y créeme no eres la única que se siente así. Sobretodo previo a las vacaciones de semana santa. Mi hermana se tiró 2 semanas poniendo notas, comentarios y organizando reuniones antes de las vacaciones —y por supuesto, las notas y los comentarios los ponía en casa, luego de su jornada laboral—. Yo no podría hacer el trabajo que ellas y tú haceis, pero lo admiro mucho. Desde aquí mando todo mi apoyo a las/los maestr@s, profesor@s ¡Porque os lo merecéis!